3 December 2018 · cuento corto

El Abrigo

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A pesar de estar lleno, el restaurante repentinamente se quedó en silencio después de su alboroto. —Está bien, lo admito: ¡el invierno es horrible! —respondió casi gritando y, al notar que estaba llamando la atención del resto de los clientes y del personal, bajó el volumen, esperando que perdieran el interés— Aun así, incluso alguien como tú debería ser capaz de ver que no todo es malo.

Sin dejarle a su acompañante una apertura para la réplica, se apresuró:

—Toma por ejemplo a la luz. Tan extraño como te parezca, tal es su naturaleza que se manifiesta simultáneamente como onda y como partícula. Esta estación que tanto pareces detestar tiene efectos en nosotros que igualmente parecen contradictorios.

»Si bien el invierno invita a la fuerza a las criaturas del planeta a recluirse, deberías de darte cuenta que no únicamente implica tristeza y soledad. Harías bien si ignoraras esas conclusiones tuyas. —La molestia de su acompañante era evidente, pero aprovechando que no se veía con intenciones de interrumpir, continuó— No creo que sea una coincidencia que alrededor del planeta existan tantas tradiciones invernales y que la mayoría de ellas evoquen los sentimientos de unión y amor más cálidos, quizás como una resistencia a las bajas temperaturas que pueden arrastrar con ellas nuestros ánimos. Luchamos con fervor el frío letargo y nos acercamos a quienes apreciamos, reforzando el lazo que nos une.

»Aunque el invierno trae muerte y nos recuerda la fragilidad de la vida, también nos ofrece la invaluable oportunidad de prepararnos para las estaciones que vienen. Puedes aprovechar para descansar y permitirle a la primavera llenarte de vitalidad o dejar que el clima invernal te paralice y que el próximo año el invierno termine de hacer su trabajo congelándote. Así la odies, es una situación hermosa y tan antigua como la Tierra misma e incluso las estaciones presentan una naturaleza dual: cuando tú te estancas en la que consideras una época negativa, el otro lado del planeta se regocija con el calor del verano. ¿Sí lo entiendes?

Hacía mucho que su paciencia se había acabado y la mirada furiosa debió de haberlo dicho todo, pero al no haber recibido una respuesta oral, el monologuista lo tomó como una invitación a continuar.

—Bueno. El punto es que en donde tu pesimismo solamente encuentra una condena eterna para nuestras miserables existencias, otros decidimos ver un sinfín de oportunidades para empezar de nuevo; es un símbolo de renovación. No te enfoques únicamente en lo malo y abraza la hermosa contradicción que es el invierno. ¡El gato está muerto únicamente si así lo quieres!

Después de un largo silencio que seguramente resultó incómodo hasta para otros comensales que no pudieron ignorar tal discurso, ahora confundidos y curiosos, finalmente hubo respuesta.

—Solo mencioné que hace frío. Si no quieres prestarme tu abrigo, un simple no habría bastado.